"Ya sueño cada noche tu sueño y en mis momentos de soledad siento que llegas a mí como un manto tibio que me cubre y me atrapa, me consuela y me deja vivir como nunca antes había vivido." Poeta Lejano.
Ya sueño tu sueños
abrigo que me cubre
tejido entre rabias y cadenas
muro que, junto con las rejas
forman el ejercito que me doblega.
Hace días la luz se ha ocultado
penumbras lamen mi tristeza
campean los fantasmas
azotan mi existencia.
Postigo de mazmorra encogido
deja ver un punto negro
forcejea por besar el cielo.
Se descuelgan hilachas de Sol
cual gadejos de melena,
larga, descuidada
alborotada, desteñida,
enredo que cubre mi cabeza
a la que succionaron el sentido.
Así no la quiero
para qué si está vacía.
No quiero corazón
pará sirve si ya no bombea sangre
ni palpita junto al tuyo
solo a paso lento, moribundo
hace fuir el llanto por mis venas.
Esta celda se me encarna
cambió mis alegrías
por telaraña pegajosa de penas.
Vestida de gazas
ataviada de joyeles
con tocado de besos
y miles de mariposas en el vientre.
Repicar emocionado de campanas de boda
delicioso en sus oídos acosa hacia el amor
cantos lujuriosos de maharajás o de pastores
son broche esperanzado en su pecho.
Graznido amenazante,
aleteo de pasiones negras
marchitó el ramito de violetas.
Llanto y gritos de congoja
eclosionaron los silencios.
¿Por qué no están todos en el séquito?
¿Dónde vuelan las alas de palomas?
¿Qué se hicieron las esquelas,
archivo dónde anotaba aquellos júbilos?
La cola de su traje y su velo de novia
ahora enjugan sus lágrimas
y arropan su congoja...
¿Dónde está los amigos de siempre
y el resto de la tropa?
Oh! Candela te casas con Yambao
pero,
¿Habrás de morir sola?
.
A un paso silente
y trastabilla la lengua,
a un paso del abismo
y mi aire se contiene
a un paso del día
y las sombra se abalanzan.
Que se contenga la Noche,
deje que mi pena salga a serenarse.
Un hilo de luz se descuelga de su cara
recostado en las quimeras
me narra las sagas del temerario hechicero.
¿Por qué no se contiene el alba
y lo deja tendido en mi pecho?
¡Quedan los espasmos de la aurora,
que se quede conmigo esa mirada!
La Luna somos nosotras mismas, con todas sus faces, manejando mareas, manejando el espíritu sensual, manejando el hambre de la piel y el celo... No podremos buscar a la Luna en ningún lado si primero no la identificamos en nuestro mismo ser como el ying, como la Noche, como la Mar, como la energía detrás de la penumbra.
Uno vestido de capa
caballero de guante blanco y duce verbo
pregonando a todos sus hazañas.
En medio de las risas y el danzón
una con ojos de fuego lo observaba,
entre ademanes y requiebros
buscaba encontrar su identidad
a cara o cruz la suerte echaba
que había llegado el andariego
ése que en los sueños recordaba.
¿En qué otros festines le había visto?
¿En qué llanuras del mundo,
en qué batalla?
No en la de Marengo,
¿Acaso en las cruzadas,
como soldados compañeros
o, quizás como enemigos?
¿Será el acaso o el destino,
o ley de afinidad,
o la causalidad
la que ha mediado este encuentro?
Lo cierto es que del alma vi su cara.
En ese triste jacal aún humea el lamento de Candela
huele a su risa y se ve su mano sobando el adobe
lo alisaba dulcemente con agua de maíz cocido
buscando entre poros de tierra roja sus querencias.
Un hombre plañe enloquecido la ausencia de Candela
mismo que en su furia galopera y sin morder el freno
vagaba entre los brazos de placeres de Lunas Llenas
mientras en la hornilla agonizaba en soledad su hembra.
¿Por qué será que ausente se extreman los silencios?
¿Por qué será los vivos son más buenos que los muertos?
¿Por qué no te quedaste cuando te invitaba al alba
a discurrir de faenas y a planear nuevas querellas
si su piel, su vientre y sus besos aún te queman?
No ha habido tormentas solo en tu ojos su presencia
aquellos vendavales en tu alma colmados de tristezas
los fomentaste cuando ella a granel daba sus amores
ahora te dices: -Yambao estás solo, trae a tu Candela-.
Yo no se hacer versos, pero sí puedo entender cómo es un baño de azules, si entiendo el abrazo impetuoso del viento, si sé cómo se enerva algo en mi, con la naturaleza pura, sé cómo me duele la otra piel, sé eso y presiento otro tanto, como sé también que algo como eso te pasa a ti y a muchos de nosotros... si esto no es mejor que un verso académico... pues no entiendo cómo un alma pueda saber qué es el azul, ni el rosa... ni el pentagrama hamacándose en los colores de las flores y el las alas de las mariposas...
Creo que el ímpetu es la dinamo fundamental al momento de decir, así, a borbotones salen las ideas, salen tantas cosas, que luego decimos ¿a qué horas dije esto o aquello?
Y... no sufro lo disfruto... acoso por él, por el baño de azules!
De ella...
en fuga de luces
centellean sus delirios
abanicos de colores...
En el cielo dibujadas
siluetas y su camorras
su polo a tierra ha desparecido
loca, su cabello como lábaro
la cubre, ondea por su cuerpo
cuando agarrada al tallo
desparrama triste canto...
Si soy la que te desvela
¿por qué me haces sufrir tanto?
Entre olas enfurecidas se eleva una voz
furibunda grita tu recuerdo cada noche
en medio de las angustias y abierto ese broche
luchas contra el destino que ostenta afilada hoz
Se fue ésa que llamas con ahínco, desquiciado,
si ella franca te ofrecía el mando de su barca
enamorado tocaste puertos mas no su arca
va muy triste tras sus sueños, solo estás Yambao.
¿Ese perdón lo otorgas tú, quien nunca ha pecado?
Levantemos monumento y brille tu aureola
de cometas de los cielos este negro es cola
a Caridad del Cobre rézale arrollidao.
Hoy apagados besos ayer fueron la chispa
el negro compungido en el malecón espera
si te amaba tal vez vuelva... calienta esa estera
si la amas canta y canta, tal vez no se resista.
Te dibujé, si,
te hice mi boceto
tracé el contorno de quimeras
insuflé algo de las mías.
Tañido de cristal la gota agua
sobre el techo del mundo
ruedan por cada canaleta
amores rezagados.
Sobre mullida yerba
descansamos boca arriba
mirando un velo negro...
Debajo de ese velo
asomaba una mirada
ojos de fuego nos perdieron
y la desnudez del cuerpo
y la de nuestro verbo
encarnó divina en estos versos.
.
Candela alebrestada y coqueta
pasea a sus quimeras por el barrio
se queda a la vuelta de la esquina
mira quién atiza fuego sin secuelas.
Candela tiene risa dulce de campana
no ¡tan ton, tan ton! de viejo campanario
su sonido lanza al vuelo las palomas
y guarda bien sus secretos en armario.
Candela tiene hambre en la cintura
tiene sed de paisajes en los ojos
la acosa el frío triste intolerante
la palabra malnacida la apabulla.
Candela le canta hoy al mundo
le muestra llamaradas de su vida
su carne como inefable infierno
de cielos pulcros quietos no presume.
Candela te invita a que la escuches
solo te hablará si te callas
contará de gestas en el lecho
narrará la trashumancia de su alma.
He ahí a tu Candela... la guerrera
mansa, dócil, cuando está dormida
mas en vigilia, ave rapaz de alto vuelo
alma/fuego habitante dulce del Averno.
La Luna copula en diferentes "cuartos"
ella,
buscona del Universo
elige a sus amantes
de entre los aguerridos de los cielos.
Cada amante,
acorde con la luz que la ilumina
complementa sus ansias de mujer lasciva.
El cuarto donde enloquece,
donde desborda su lujuria
es el de novilunio.
Noche negra,
hembra morena
olor de rocío y sereno
yerba húmeda
labios sabor de canela,
serpiente de fuego
lengua voraz ardiente.
Esa mano es...
una mano que oye,
que escucha,
que habla,
que ve,
que degusta...
que siente cuando la rozan...
Esa mano es más que algo que agarra,
ella sostiene y entiende de geografía,
guarda archivos,
sabe de Historia...
lee el borde de los labios...
esa mano limpia el llanto,
acaricia las mejillas de los niños
y enerva a la los amantes...
"...ese ilógico rito de hablar con alguien" Liliana Varela.
Maldito rito que miles de veces nos supera.
Haré doble nudo a mi lengua
me sirva de horca
estrangule la estupidez que a veces ronda...
así no vuelvan a chorrearse las sandeces
por las comisuras de mi boca.
"Anoche hice el amor con la Luna y este amanecer di a luz dos cuerpos."
Navegante del Alma
Cuando tú me poseías, dentro del vientre del mundo caían gotas de rocío que se transformaban en zafiros, joyas de corona regia que ahora me adornan lujuriosas. La dicha temblorosa y entre jadeos acompasados no acataba a dar el paso para lanzarse voluntariamente a lo profundo de esa sima para morir y renacer mil veces. De fuego la lengua, también la daga de doble filo que, como teas vivas forjaban susurros trémulos por el cuello/cisne. Reptaron los fantasmas cubriendo puntos cardinales hasta la corola de la rosa de los vientos. Allí, en ese centro, vórtice donde no se distinguen los límites entre centrípetas y centrifugas, allí, en ese punto desapareció mi piso y el ser que fuí escapó a otra aldea.
Anoche mismo apareció un lucero, desde su mundo me hizo señas y... pues perdí aquella corona... Al despertar solo había una presencia inefable en la habitación y un olor de nuevas ansias.
Un acoso de furores contenidos impulsaron esa mano hacia la cerradura... Ardía en presencia de esa ventana cerrada. De pronto se vio dándole vuelta lentamente a la perilla, imaginando que allí detrás, alguien estaba. Que agazapado se escondía esperando en qué instante aparecía la sombra en toda la extensión de su flaqueza. Eran instantes de angustia infinita, el peso maldito de los siglos caía sobre esa mano, sobre el pecho, sobre la espalda, pero lo más oprobioso, era sentirlo también en el alma. Era allí donde más dolía, donde el daño carcomía la fuerza que le había sostenido durante tanto tiempo. Allí donde, además tenía aposentados una serie de habitantes de todos los colores quienes también empujaban a esa mano a girar de una vez la llave. Sentía que había otras fuerzas atentas a detener esos impulsos. Era una verdadera pugna entre el negro y el blanco, pugna eterna entre cara y cruz, pugna entre el cielo e infierno, y en medio de estos pares, un vacío convertido en náusea, revolcando sus entrañas, revolcando principios. Sudaba. ¿Cuál de los dos bandos tendrá el influjo mayor para superar esa lucha? La mano seguía impulsada a dar la vuelta pero de pronto desaparecieron ventana y muro fundiéndose en su propia carne, metiéndose en sus mismas ansias, goteando sollozos por los bordes de esa quimera. Sonaba una melodía y se daba cuenta que manaban los acordes de su mismo ser, era uno con las notas, uno con la armonía... La ventana quedó borrada y el acoso se largó al galope hacia otros mundos, remontó a otros seres, distintos, ajenos a ella. Su mano diestra se unió a la siniestra para ir al rostro a palpar ese ensueño, para palpar en sus labios resequedades febriles de lujuria desteñida y tapar a toda costa los jadeos, para palpar en su pecho el latido del acoso seductor, para palpar en su vientre los espasmos, para palpar en su entrepierna a un jinete, empujarlo hasta el fundo de sus enervados instintos...
Revoleteaba de nuevo el chupaflor en el borde de esa corola. Al fondo de la habitación de carne y fuego se escuchaban los coros de Nabucco...
En el éter se registran mis silencios
mis fatigas y clamores contenidos.
Mi canción, mi risa y mi llanto
resumen son de mis sentires.
La dicha absorbe mi aire
cuando florecen melodías
cuando vuela Eros a mi pecho.
Cascada debocada por mi rostro
desdibuja el beso que otrora fue tatuado.
No escondo nada,
pero una sombra sí me cubre
va adelante marcando los compases
vela mi figura y constriñe mi palabra.
Ella, no yo,
la que apoderada de mi alma
hace festines en mi nombre
ufanada dice a otros
que es la dueña de mi calma.
No escondo nada,
entiendo cada signo del archivo
pero en el Espacio como onto fui vetada.
Ni por el amor vencidos,
siempre los quiero desafiantes
impulsen a migratorio vuelo
ungidos caballeros
líderes de gestas
de exquisito blasón
cual es su verbo
ayer y hoy invictos
esos leones alados
que vengan a mi
vivan en mi pecho
adornen mi escudo
uno como esos...
es al aguardo en mi lecho.
Genuflexo inconsciente no te quiero erguido y fuerte mi aguerrido arquero tenso verso es el arco que te llama Diana soy, en el bosque por ti clama. Amante brioso, alegre sin lamentos ése que llegue calme mis tormentos electo complemento de mi sino libe ansioso de mi Copa de vino, el consentido en mi lecho y mi mente que vaya por mis mundos tiernamente.
Tobogán de sueños
deja deslizar tu aliento
mi cuerpo se lo come,
mi alma lo degusta,
ambos, seducidos caen
se enredan en torbellinos,
en picada hasta la fuente.
Habla la entrepierna
gime furibunda, arde,
se quema en su propio fuego
hasta que llegue el alfil
que la redime.
Trepo por el muro de tu cuerpo
escalera propia
me arrima hasta tu alma
diviso una batalla
la tuya y la mía,
diviso el cilicio
me duele tu castigo.
No hay agua bendita
porque no existen bendiciones
no hay más que tus lamentos
y mi amor sin condiciones.