21 oct. 2013

¡TODO SE VA!


No sé ni cómo decirlo.

Todo a mí alrededor y desde que me conozco es como una burbuja de jabón. Nada dura. Solo mis ensoñaciones, ellas, las que me acompañan siempre. A veces quiero creer que existe la generación espontánea y que también se da la desaparición espontánea. “Lo que por agua viene por agua se va”. Sí, todo como viene se va.

Mis años de niña, muy niña, aquellos en los que de frente vi la felicidad fueron certeros. Esos se fueron dejando un gigantesco archivo  de recuerdos, de muy dulces recuerdos. Recuerdos que acapararon mis sentidos, mis emociones y mi mente. Marcaron en mi retina los colores y las tonalidades de verdes, los matices de oro, desde el más brillante hasta el ocre más opaco, también los rojos y las variaciones del violeta. Sí, todos los colores y su gama, porque así era la belleza natural del campo, ahí no más, junto a mi piel. Solo era estirar la mano.

Ahí no más, los olores primitivos. El olor del humo de la leña seca, ardiendo de amor para cocer los deliciosos alimentos campesinos. El olor de la tierra mojada por el aguacero que acababa de pasar. Qué tarde frescas y limpias. Cómo me deleitaba con el barro suave que se formaba donde caían las goteras de los canales del tejado. Era una pomada que me encantaba, una pasta manejable que, en mi condición de niña, incansable amasaba una y otra vez. Con ella armaba los mundos que en mi mente se gestaban y que mi imaginación promovía.

Las hojas de unas plantas crasas, muy tiesas, eran mi gallinero. Sí, eso eran. Arrancaba hojas de todos los tamaños y las acomodaba boca abajo y así me parecía que frente a mí tenía al gallo, las gallinas y los pollitos.
Oía el canto de los pájaros y me extasiaba con su plumaje multicolor. Era la plenitud pero yo no lo sabía. En mis recuerdos también están las pequeñas culebras “rabo de ají” que se retorcían encima del polvo colorado y caliente del medio día, del patio de la finca donde nací… no les temía a estas serpiente porque no conocía el miedo, apenas tenía unos cinco o seis años y no sabía que el tal reptil es uno de los más venenosos de Sur América ¡Qué iba a saber!

Un día a mi casa se asomó la muerte para llevarse a mi padre. No sabía qué era eso. Lo entendí cuando crecí un poco más. Vino la muerte y se acomodó a nuestro lado y así vi cómo se fueron los olores, los colores, los dulces sonidos, los cantos de los pajaritos. Todo quedó en el archivo de mi memoria, en mi mente. Allí ha estado siempre. Es el mundo paralelo del que me alimento.

El tiempo siguió su curso y junto a él mi vida. Se fueron los días felices de mi primera infancia. Nos arrancaron de la tierra y nos instalaron en la ciudad. En la tierrita éramos papá, mamá e hijos, pero de la noche a la mañana eso desapareció. Crecimos alrededor de la abuela, en una casa de la ciudad. ¡No estaba mi padre! En el campo, el espacio abierto a plenitud, era nuestro diario vivir. En la ciudad, la vivienda se me antojaba un cajón con compartimientos. Un cajón sin la luz clara del sol, sin los aromas de las flores de los azahares de los cafetales parecidos a novias vestidas de blanco; sin los verdes de los cañaduzales, sin mis gallinitas de hojas crasas, sin el sabor delicioso de los jugos naturales que mi madre nos daba a la media mañana. Eran  deliciosos entredías: bananos maduritos y dulces, majados con las natas de la leche o, zanahorias ralladas y mezcladas con bananos y leche fresca; jugo de remolacha y naranja, o de tomates de mesa. Deliciosos. Todo quedó atrás y nosotros recogidos en un cajón. A ese cajón las gentes de las ciudades les llaman “casa”.
Allí empecé a entender muchas cosas, por ejemplo, que ya no éramos dueños de nada. Entonces agarré mis sueños, los apretujé tanto como pude, tanto que aún hoy no los he soltado. Durante años los he apretado tanto que creo haberlos fundido en mí. Siguen vivos, cada vez están más vivos.

No anhelo riquezas, solo libertad. Nada de ataduras. Mis sueños siempre claman por su libertad. Es imposible contenerlos. Hoy se han desamarrado y atropellan mi interior.

No respondo. Pobre de mí. ¿Como amansar al corcel? ¡Qué importa ya nada!
Salga lo que deba salir, salgan el día y la noche, salgan ángeles y demonios que después de la tempestad vendrá la calma.

Ana Lucía Montoya Rendón
Marzo 29 de 2008

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8 mar. 2011

EL SILENCIO DE EVA

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¡Durante cuántas vidas has callado por falso recato, por miedo o, simplente por que te han ignorado!

¿Qué tanto has visto y oído? Despréndete la mordaza y cuéntanos las historias que sobre ti, como avalancha han pasado.
¿Quiénes te han adorado y quiénes te han maltratado? Detállanos las obras preciosas que has hecho y de las cuales no existe reconocimiento. Cuéntanos por cuántos caminos han transitado tus pies y cuántos paisajes hermosos han bebido tus ojos.
¿Cuántos niños y niñas pariste y a cuántos de ellos antes de crecer viste morir?
¿A cuántos hombres has amado y cuántos de ellos te han hecho sufrir?
¿Cuántas batallas has peleado para defenderte a ti y a tus hijas, de las garras depredadoras de villanos que por la fuerza, y amparados en el derecho cruel de pernada, te arrancaban a ti y a ellas, la dicha de la primera noche?
¿Cuántas veces has luchado el pan, el vestido y el techo tuyo y de tu prole?
¿Cuántas veces has tenido el derecho de elegir a tu amor?
¿Cuántas veces el macho te ha permitido contar tus razones?
Hermana de alma, madre, hija, maestra, amante, amiga, la humanidad pervive por ti y en ti. Sin embargo todavía estás en pie de lucha, buscando el respeto de los derechos tuyos y de todas las de tu género.
Fundaste la agricultura, pues guardabas las semillas para que alcanzaran para todos los miembros de la familia, en las épocas de gran escasez. Con ese sentido maravilloso de observación permanente con que Natura te ha premiado, viste germinar las semillas que habían caído al suelo húmedo de las cuevas y allí se desarrollaban. Domesticaste cada una de esas primeras especies de plantitas que a ti se arrimaron, las cuidaste como a tus propios hijos, mientras tu hombre salía de correría a buscar caza y pesca para traer a la cueva.
A ti también corresponde la domesticación de los primeros mamíferos. Tu hombre dejaba a tu cuidado pequeños cabritos y ovejas, a las que luego ordeñaste cuando no había más comida que la leche que de ellas obtenías.
Fue tuya la idea de cubrir con las pieles de animales los cuerpos desnudos de los tuyos cuando arreciaban las gélidas temporadas de invierno. En mullido lecho cubierto con cueros que aprendiste a suavizar para que no tallaran, arropaste a tus hijos y recibiste a tu hombre.
El fuego quedó a tu cuidado, eso te hizo la primera sacerdotisa y eras tú la encargada de pedir a las fuerzas de la naturaleza para que no se apagara.
De ti nació la idea de la cocción de alimentos, para que fueran más tiernos para su ingesta. Molías los granos para amasar los primeros panes y tostarlos en el fuego sagrado, del cual eras dueña y señora.
¡Cuántas soledades! Cuántos días y noches haciendo de hembra y macho para que todos los miembros del grupo estuvieran bien. Cuántos llantos y suspiros a la luz de la Luna. ¿Conociste el amor sensual? ¿Sentías solo el apego a tu grupo y a tu prole?
Eva, cuéntanos todo, para que nuestra imaginación desbordada no arme leyendas. Déjanos saber más de lo que hiciste pues el libro que escribiste y que está guardado en el archivo de los tiempos, no nos ha sido entregado.
Madre, amiga, el tiempo está tardo en el reconocimiento de tus obras, pero muchas trabajaremos para que se vea tu hacer y amor infinitos por todo lo que existe.


Ana Lucía Montoya Rendón
Mayo 19 de 2008

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19 dic. 2010

Feliz Navidad Y Venturoso Año 2011


Para nosotros, los occidentales, celebrar una fecha más del nacimiento del Maestro Jesús es algo muy importante como cristianos. Sin embargo creo que es mucho más significativo hablar de un nacimiento virginal en cada corazón.  Pienso que el verdadero nacimiento ocurre a cada instante en cada uno, como símbolo de renovación. El nacimiento inmaculado lo entiendo como el resurgimiento limpio de nuestro Yo. Cada uno de nosotros, libres de todo prejuicio, libres de todo tipo de ataduras, libres para hacer o no hacer. Nacer de una Virgen, es en realidad hacernos inofensivos, puros, incapaces de cualquier tipo de maldad hacia todo tipo de vida, porque, Vida está presente hasta en lo que nos acostumbraron a llamar reino de los minerales. La Naturaleza toda palpita, desde lo infinitamente pequeño hasta lo macroscópico. Todo debe provenir de una misma Fuente, si es así, Esa Fuente es la Matriz, la Madre, y si de ese Vientre ha surgido todo, entonces la hermandad es una realidad innegable. Sí, todos somos hermanos como lo decía Francisco de Asís, cuando con deliciosa ternura, hablaba del hermano Sol y la hermanita Luna...

Creo firmemente que cuando alguien siente la ternura, con solo mirar los ojos de un niño, con ver los brillos fascinantes de un atardecer, o cuando se arroba con el murmullo de agua, o con el canto de los pajaritos, o cuando sentimos fuego ante la ejecución diestra de una pieza musical o al leer un bello texto, sea prosa o verso,
ése se ha convertido en un ser incapaz de actos que atenten contra sí mismo o contra sus "hermanos",  porque solo la armonía vive en él .  También se es uno con todos cuando sentimos el dolor del otro, cuando nos atormenta la impotencia por no poder paliar el dolor ajeno... En fin, sentir, vivir, en cuerpo y alma, admirarse a cada instante, es un síntoma de que posiblemente el parto virginal ya lo podemos ir "pensando", aunque para dar a luz a Ése, duremos posiblemente varias vidas.

Deseo de todo corazón que en cada uno de vosotros llegue a morar Ése, y tengáis preparada vuestra propia Belén para recibirlo con gran boato.

Paz y Amor en vuestros corazones y en el de toda la Humanidad. Sea esa la verdadera intención de todos nosotros en el próximo año 2011.

http://www.youtube.com/watch?v=nGgMlW1Ktv8&feature=related

Fuerte abrazo,

Ana Lucía Montoya Rendón

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17 dic. 2010

Sequoyah Virtual, Edición Navidad, Dic. 30, 2010 Núm. 73, Orange County

Friday, December 17, 2010

Edición Navidad, Dic. 30, 2010 Núm. 73, Orange County



¡Feliz Navidad a lectores y colaboradores! ... De Sequoyah Virtual
Contenido 73 / Edición de Navidad


Marco Tulio Castro
La literatura, para la chingada en Baja California

Antonio Colinas
Reseña: «Armonía de las esferas»

Marco Antonio
Carta a la vida VII y VIII

Karin Boye
Sí, por supuesto duele

Juan Manuel Pérez Álvarez
Invierno / Primera parte: Los Cinco Sentidos

Oscar Portela
Canto de Dionisos

Vicious Laterman
Yo

Helios Buira
El fin del mundo 2012
Axiomas

Alejandro Drewes
Lejanía
Lectura
Del tiempo

Francisco Pardavé
El amor existe

Carlos López Dzur
Carlancas
Como jigüe de raíces
Pertenencias

Fany Jaretón

Ady Yagur
Paz

Elisabet Cincotta
Si yo tuviera alas

Néstor Oscar Galante
Mi mundo
Ella y sus fantasmas

Ana Lucía Montoya Rendón
Si llora el fuego...

Pronunciamiento del II Festival Mundial de Ecopoesía: 16 Diciembre 2010

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4 dic. 2010

El símbolo de la escalera: Sobre los ascensos y descensos

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Saturday, December 04, 2010

 

El símbolo de la escalera: Sobre los ascensos y descensos


Por Carlos López Dzur / Fundador de Sequoyah Virtual
En días en que retomo la lectura de «El Libro de Esplendores» (Zohar), estos «encadenados» con la simbología de La Escalera (en hebreo, «sulam»), me ofrecen referentes para asignar a la intuición poética el papel que tiene el espíritu como vinculador y explorador de la Totalidad. La primera pregunta es: ¿Qué es totalidad?, una vez entendemos que el espíritu es lo más apetente y profundo de la inteligencia, verdadero motor intuitivo.

Totalidad es la unión entre cielo y tierra, el fluir entre lo de Arriba y lo de Abajo, lo caracolíneo o movimiento circular, lo contractivo (implosivo) y lo expansivo. La totalidad incluye descensos (inframundos) y ascensos, en cuanto se habla de tres reinos cósmicos y un doble movimiento: inclusión y exclusión antes de que se alcance un carácter estructural.o mecanismo de transformación comprensible desde cualquier teoría. Demás está decir, que el principio de totalidad incluye el de la reintegración de los seres en la unidad, y a la vez, la consecución del ciclo evolutivo de la humanidad misma, ya que de la unidad, o totalidad, fue que emanaron cada uno de sus elementos constitutivos.

De hecho, la primera vez que me impactó una lectura sobre este símbolo de La Escalera fue con la lectura de Génesis, donde se narra el sueño de Jacob, quien vio una escaleta por la que ascendían y descendían ángeles. En ese momento de cotidianidad en que el Jacob histórico vivía, «huía» por causa de su enfrentamiento con su hermano Esaú. En un sentido práctico, la lógica contextual nos dice que en la escalera hay una doble inferencia, una de las cuales mienta ascenso y protección y otra huída del peligro. Como símbolo, una escalera señala a la posibilidad de subir o de descender. ¿Qué son los seres que suben si no las propias almas humanas llenas de anhelos infinitos? ¿Qué son los ángeles que bajan, si no seres ascendidos, auxiliadores? Decía metafóricamente Gastón Bachelard: «La escalera que sube a un desván, siempre sube y nunca baja, igual que siempre baja y nunca sube, la de un sótano». Y lo decía en referencia a la actitud humana que ama la inacción por apatía espiritual. Don Nadie es el sótano de la mundanidad.

Aunque el bíblico Jacob huía, después de soñar, entendió algo muy interesante sobre su tránsito en la mundanidad: Estaba en un lugar que antes fue llamado «Luz» y, con susto todavía dijo: «¡Qué temible es este lugar! ¡Esto no es otra cosa sino la casa de Dios y la puerta del cielo!» Fue así como rebautió el lugar como Betel, «Casa del Señor» o «Puerta del Cielo». Baste indicar que, en su huída de Esaú, Jacob buscaba un lugar para estarse a salvo de él; pero lo pondré en un contexto filosófico que ha sido discutido por Heidegger cuando dice qué es realmente estar «a salvo», más allá de las preferencias. Dice: «No es cuestión de querer más, sino de querer de otra forma, de abrirse a lo abierto de otro querer... Sólo estamos seguros donde no contamos ni con la desprotección ni con una protección edificada sobre el querer... Nuestra morada es la intemperie. Sólo en ella —en su 'afuera'— se desprende la esencia (invisible) de lo humano». Es decir, «tratándose de mortales, solamente lo abierto proporciona abrigo».
Me gusta leer a todos los autores, filósofos o poetas interesados en la esencia de lo humano, de lo invisible, de «su intemperie», que es su apertura, extrapolándolos con la Torá y la Kábbalah. En este tipo de estudio, se dice algo esencial sobre la escalera. Es el símbolo de la Torá, vínculo entre cielo y tierra. La Torá es una manifestración de abrigo en la Montaña, si seguimos el invisible y metafórico ascenso, los trechos de arribo.

Extrapolaré unos poemas hallados en los encadenados de «Muestrarios» con este tipo de análisis, kabbaleándolos un poco, en la comprensión de que todos ellos (Oscar, Néstor, Ana Lucía, etc.) coinciden en estos hechos fundamentales:





Continua en:

http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/2010/12/el-simbolo-de-la-escalera-sobre-la.html

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30 nov. 2010

Del silencio al sonido, del juego a la Logía


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 Tuesday, November 30, 2010

  http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/2010/11/del-silencio-al-sonido-del-juego-la.html

Del silencio al sonido, del juego a la Logía


Por Carlos López Dzur / Fundador de Sequoyah Virtual


La poesía es una «praxis», mas antes que se cumpla o acontezca visual, sonora y empíricamente, fue silencio. Mas un silencio que la poeta Ana Lucía Montoya Rendón ha llamado la víctima del «ese peso molesto», porque. como un a priori antes de la praxis, hay que romper sus latencias reflexivas, lo que estorba de algún modo la espontaneidad del texto. Crear poesía no es pura percepción, algo que como pintora Montoya Rendón entendería más. La poesía como desafio requiere de un mensaje verbalizado y de otro, una estética de sílabas (musicalidad) y de intensificación emocional. Esta unidad semántico-fonética-emotiva del poema es una pesada carga. O peso molesto, a partir del silencio inicial y la extrañeza del desafío, cuando el poeta quiere comunicar inteligentemente y no sólo acumular rimas, sin un sentido y belleza.

Desde «Muestrario», tres poetas que aman desatar reflexiones exploratorias, telares lúdicos, diálogos de creación hilada (o «encadenados») pues una toma del hilo trenzado, o dado ya por la otra, iniciaron una discusión sobre la esencia y forma de la poesía. Son ellas Liliana Varela, Blanca Barojiana y la mencionada Ana Lucía Montoya (ALMR) . He leído sus encadenados y el resultado de las confesiones espontáneas.

Mi pregunta es; ¿Cuándo comienza realmente el proceso creativo del poema o de cualquier obra de arte? ¿Cómo ha de reconocerse el resultado estético? El terreno en que las tres poetas coinciden es el de la emoción como sustrato. Ana Lucía llama «peso molesto» (o dura responsabilidad) ese momento en que se rompe la fuente (antes del alumbramiento o parto del texto). Son los «últimos sllencios» antes de comenzar a sonar; gemir el bebito del poema, pero ALMR también hace una advertencia:
«entre emoción y arte, quedo perdida
ya no sé cuándo siento o si he cantado...»
Otros versos significativos de ALMR expresan:

«mi canto rimado o libre, pateta /
disuelto siempre se queda en la bruma».

Para entender el por qué Ana Lucía dice ésto, necesitamos los referentes, i.e., conceptos vertidos por Liliana Varela y Blanca Barojiana. En este juego mayéutico de los «encadenados», Liliana produjo un bello poema filosófico que arranca con una pregunta esencial sobre el cómo y el cuándo del «qué» (el valor de lo sonoro en el poema). Válgase que cite enteramente el texto, que se precede con el epígrafe de Ana Lucía:

«¡Cómo extraño siempre estos últimos silencios!»
Ana Lucia Montoya Rendón
http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/2010/11/del-silencio-al-sonido-del-juego-la.html

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